Sin ‘pene’ ni Gloria…

 Ahí en lo más recóndito del jardín de aquella fiesta, estaba sentada Gloria, solamente acompañada de su cubita y su cigarro.

 Con esa nube gris que la acompañaba a todos lados, seño fruncido, y sonrisa hacia abajo, jeans talla 13, suéter de cuello de tortuga y sujetador copa ‘d’, el problema no era su talla sin duda, pues sabemos que lo que siempre importa en esta vida es la peritita actitud, sino que como se dice ahora; su vibra era nefastita…

 Afortunadamente tenía amigas que a pesar de su mal genio, la seguían invitando a fiestas y eventillos…

 Un morenazo se acercó a ella, Gloria escondió un poco su lonjita sumiendo la panza…

 -Está ocupada esta silla?

-Mmm no…

-Me la puedo llevar? Gracias!

 Y esa era la historia de los fines de semana si es que se le quitaba la hueva y salía con sus únicas dos amigas, quienes sin duda siempre ligoteaban o tenían galán.

 Trabajaba en una fábrica maquiladora de ropa tejida y tenía a su cargo a varias mujeres, eso sí, era una verdadera hija de puta con ellas, al parecer todas sus frustraciones las reflejaba en esas pobres ñoras que trabajaban más de diez horas para su jefe libanés, quien por traerse a todas en chinga la adoraba y cada rato le daba un bono, mismo que se gastaba en comida chatarra a granel todos los sábados que se iba al Sams.

 Bué, pa’ no hacerles el cuento largo a esta gordita ojeta y malhumorada no se la quería tirar ni el quinto de la colonia… ahí en Tacubaya la apodaban “la culpa” porque nadie se la quería echar…

 Pero como en esta vida siempre hay pa’ todos, por ahí escondido estaba Reinaldo, el gordito de almacén, con redonda panza, peinado de libro, camisa a cuadros y gafa sucia…  Todas las mañanas a eso de las 7 que entraba le dejaba en su compu un chocolate, paleta o chicle… Gloria sólo se lo tragaba y ni se preguntaba quién coños tenía siempre tan buen detalle…

 Cierta mañana que su jefe le pidió llegara más temprano para recibir un contenedor, Gloria entró a su oficina para dejar su maxibolsa (siempre llena de golosinas) y al prender la luz vio a Reinaldo…

 -Qué haces en mi oficina? Quién te dio permiso de entrar o qué…

 Reinaldo escondía un chocolate relleno de cereza…

 -Contéstame, qué hacías en mi oficina o llamo a seguridad…

 Reinaldo tímido y nervioso, dejó el chocolate sobre el escritorio y sin responderle salió casi corriendo…

 Gloria se percató del hecho, dejó su bolsa en el cajón del archivero, se tragó el chocolate y se fue a recibir al trailer…

 Los días pasaron y tras el incidente Gloria no volvió a recibir ni madres… una tarde de jueves antes de salir, bajó al almacén… cómo chingaos no! yo quiero mis pinches dulces, faltaba más.

 -Hola, te llamas???

-Reinaldo, licenciada Gloria, en qué puedo ayudala…

-Qué bueno que me hables de usted… no necesito nada de aquí, pero si tienes algún dulce estoy dispuesta a permitirte que me hables de tú (ay nanita!).

-Licenciada le puedo ofrecer unos chiclosos de cajeta si quiere…

-MMM nah, esos se pegan re gacho en las muelas, y luego quién me paga el dentista… gracias, adiós…

 Era de esperarse, al otro día, Gloria tenía en su escritorio una canasta llena de caramelos sin azúcar… y claro también era de esperarse que ni las putas gracias le fue a dar al señor de la frente brillosa…

 Cierre de mes, Gloria se quedaría hasta la media noche para entregar números claro al otro día… Máquinas paradas, silencio total en la fábrica…

 Reinaldo tras el cristal le tocaba con un pelón pelorico en la otra mano…

 -Licenciada, hola puedo pasar…

-Si entra. Cómo me dijiste que te llamas? Ash siempre se me olvida tu nombre, has de ser re codo! (hija de la nacada!).

-Quiere que la acompañe, ya no hay casi nadie, no le da miedo?

-A ver, cómo te llamas? Ah si, Renato…

-Reinaldo Fuentes, licenciada…

-Ah si, Reinaldo, si me diera miedo, no llevaría trabajando aquí seis años y largándome a la media noche cada fin de mes, no crees?

-Bueno, si quiere la espero afuera…

-No es necesario… ya vete a tu casa, te doy permiso…

 Y nada Reinaldo la esperó en el estacionamiento, cuando Gloria llegó a su Chevy gris (personalidad idem), le dijo a Reinaldo “ok, te ganaste unos pinches tacos conmigo, traigo una pinche hambre!

 Y así callados en el trayecto, llegaron al Borrego viudo, ahí en el ‘Auto Tac’, en la nave se chingaron unos 8 tacos de suadero y pastor cada uno con su respectivo tepache…

 -Y ora dónde te aviento…

-Aquí déjeme licenciada, yo veo cómo me muevo…

 Gloria obediente lo pensaba dejar a unas cuadras del metro, cuando le dijo a Reinaldo antes de que se bajara (de la nave, perense!)… No se te olvida algo?

 -No licenciada, aquí tengo mi portafolios…

 Y Gloria sin preguntarle,  aún con tufo a taco lo agarró del cuello y se besuquearon por varios minutos, terminó, arrancó la nave, y botó en la base de los micros… Reinaldo nervioso sólo le dijo “Gracias Licenciada” y se fue..

 Día tras día seguía la golosina en la oficina, pasaron un par de semanas y Gloria ni se acordaba del pobre monito, pero aunque lo nieguen, todo el mundo quiere que le den pa sus chicles…

 Noche de viernes, Gloria bajó al almacén… con su juego de llaves abrió la puerta… Ahí estaba Reinaldo encerradito, leyendo su libro vaquero…

 Gloria cerró la puerta por dentro, y se le aventó al Reinaldo a los besos, toda su masa corporal se pegó contra las repisas, Reinaldo sudaba de los nervios, Gloria le quitó las gafas y se besuqueaban como si siguieran tragando tacos, acá bien atascados… Reinaldo de inmediato se dio agasajo con sus grandes pechos, le quitó aquel brasier color carne, que más bien parecía un arnés de rapel… y comenzó a besar sus aureolas que tenían la circunferencia como monedas de a diez varos!

 Gloria le abrió la camisa, y bajo esta había dos capas más, camiseta de algodón con manga y camiseta sin manga…

 Reinaldo con la última camiseta fajada en los pantalones que se ponía ligeramente arriba de la cintura (o a lo que se le pueda llamar cintura..) se quedó sin zapatos… Gloria ya estaba por bajarse los pantalones de poliéster, y golosota le agarró el paquete a Reinaldo… Pobresito, del nervio, de la emoción, este pobre burócrata ya había terminado y su amiguito ya estaba en reposo…

 Gloria medio emputada le bajaba la mano al señor para que al menos le tocara la entrepierna…

 -Licenciada, no puedo, no, no puedo, de verdad no puedo…

Gloria se sentó en el piso, y le pidió a Reinaldo que le pasara su gigantesco sujetador…

 -Por eso no pasas del almacén…

 La gorda terminó de incorporarse y agarró su bolsa, las llaves y se largó encabronada…

 -No quiero volver a ver ni un puto dulce en mi oficina, entendiste, y pobre de ti si alguien se entera de esto, hago que te corran…

 Y dicen que el acoso sólo les pasa a las mujeres?

 Pasó el fin de semana, y por ahí del jueves, Gloria bajó al almacén, pensó que todavía podía darte otro chance con Reinaldo, a ver si saliendo con él a los tacos en viernes minimito se lanzaban al motel que está junto al templo “pare de mamar”, digo “pare de sufrir”, ahí en Tacubaya… pensó “Le diré que se disculpe y a huevo que ora si me lo tiro”.

 -Oye tú… te llamas?, Dónde rayos está Reinaldo…

-Ya no trabaja aquí licenciada, yo soy Marcelino, Reinaldo renunció el lunes…

Fact SEX&DF: Es un hecho que, en la oficina como en sexo, nadie sabe para quién trabaja …

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Comentarios

  • Edghar Heredia  En 18 enero, 2011 a las 10:00

    A esto me refería el otro día del mensaje, también hay mujeres, aunque si menos, que también se portan muy koold aid con chavos que ni la deben ni la temen, lo dicho la condición humana no respeta género, aunque en hombres se acentúa más este tipo de cosas.

    sólo un detalle, la cintura de ambos está en el cuello ¿no? jajajaja y bueno la descripción del busto de ella para la talla, yo creo la moneda es pequeña, acaso centenarios jajajaja

    cuidate y buena semana

  • angel  En 18 enero, 2011 a las 16:43

    Muy buena la historia, el pobre… ¿Cómo se llama? así Reinaldo. No sintio la gloria con la pobre gloria.

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